Depresión en ancianos

depresión en ancianos

Depresión en ancianos

Estudios recientes han dado a conocer una problemática que, en muchos casos, ha sido olvidada y dejada en segundo plano: una alta prevalencia de depresión en ancianos o adultos mayores. Estas investigaciones van de la mano con los postulados de la OMS (2017): “La demencia y la depresión son los trastornos neuropsiquiátricos más comunes en ese grupo de edad.”

Es por ello que, a continuación, se definirá dicha alteración del estado de ánimo y se identificará qué factores funcionan como facilitadores y cuales como obstaculizadores.

¿Cómo se clasifica la depresión? 

La definición de la depresión se encuentra atravesada por múltiples taxonomías de los síndromes depresivos, que se encuentran caracterizados en el DSM (en sus distintas versiones) y el CIE-10.

En el Manual DSM-V, se describe a la depresión como un trastorno del estado de ánimo, pudiendo encontrar 3 categorías: trastorno depresivo mayor, trastorno distímico y trastorno depresivo no especificado. Cada uno de ellos, se diferencian por alguna condición o manifestación; sin embargo, incluyen las características principales del síndrome depresivo.

Por otro lado, el CIE-10 refiere a la depresión como un trastorno del humor o afectivos, clasificando la misma de la siguiente forma: episodio depresivo leve, moderado, grave sin síntomas psicóticos, grave con síntomas psicóticos y otros tipos de episodios depresivos.

¿Qué es la depresión? 

La depresión puede ser concebida como una forma de alteración del estado de ánimo, caracterizado por la pérdida de interés o dificultades para sentir placer en actividades habituales, como también presentar tristeza patológica, irritabilidad, gran angustia, y déficit de funciones cognitivas (memoria, concentración, atención, planificación, toma de decisión, entre otros). Asimismo, se observan síntomas físicos, por lo que disminuye la libido, surgen alteraciones del sueño y de la conducta alimentaria, llanto constante, agitación, lentificación, mutismo, variaciones en el peso corporal, fatiga, aislamiento social, etc. 

Además, la esfera volitiva (voluntad) es atravesada por la depresión, por lo que la persona suspende o se le obstaculiza la realización de actividades o tareas que anteriormente las hacía sin ninguna dificultad y hasta podría haber sentido, previo al trastorno, placer o emociones positivas al hacerlo.

Este trastorno se manifiesta en un exagerado y persistente sentimiento de tristeza, que puede tener una duración de varias semanas, meses o hasta años. Afecta la salud psicológica, física y social de la persona que la padece, pero también impacta negativamente en el entorno de la misma. 

Uno de los caminos que puede tomar la depresión son los intentos de suicidio, hasta llegar a la muerte de la persona, ya sea por autolesiones o por complicaciones físicas debido a padecimientos psíquicos. Es por ello que el trastorno tiene una alta relevancia, aún más en la actualidad donde cada vez es mayor la población afectada.Cabe destacar quela depresión nunca es sana o normal, no importa la edad o la circunstancia vital que esté atravesando la persona.

¿Cómo se caracteriza la depresión en ancianos?

Cuando una persona mayor de 65 años presenta depresión se ponen en juego diversas cuestiones: aumenta su mortalidad, impacta negativamente en la calidad de vida de la misma, produciendo sufrimiento, y reduce su funcionamiento habitual, lo que lleva en muchos casos a la discapacidad. 

Existen características clínicas de la depresión que prevalecen en la etapa del envejecimiento:

  • Esfera afectiva: melancolía, humor deprimido, sentimientos de culpa excesivos e inapropiados, pérdida de placer, ideación suicida, falta de autoconfianza, remordimientos, pérdida de apegos, aislamiento social, desesperanza o expectativas negativas, mayor dependencia, llanto recurrente o ausencia del mismo.
  • Esfera cognitiva: trastornos de la atención, concentración, aprendizaje y, sobre todo, de la memoria.
  • Esfera física: enlentecimiento psicomotor, agitación, anorexia, pérdida de peso, fatiga, insomnio.
  • Síntomas psicóticos: ideas delirantes en torno a sentirse vacíos o pecadores. Ideas delirantes de mala salud. Delirios de pobreza. Alucinaciones auditivas, visuales y, en pocos casos, olfativas.

En los ancianos, pueden existir dificultades para procesar mentalmente las emociones y los sentimientos, por lo que la autopercepción anímica se encuentra alterada. En estos casos, la persona podría no quejarse de tristeza o de su esfera afectiva, sino que traslade ese padecimiento a motivos como ser su edad o dolencias corporales. Esto trae aparejado consecuencias ya que dicho trastorno puede no ser detectado adecuadamente y, por lo tanto, el anciano podría estar recibiendo un tratamiento incorrecto.

¿Cuáles son los factores de riesgo de la depresión en ancianos?

La etiología de la depresión en ancianos, como en otras etapas vitales, está constituida por aspectos bio-psico-sociales. Los factores de riesgo de la misma estarían formadas por:

Factor biológico: si bien existe una cuestión genética, en el caso de las personas mayores pueden surgir alteraciones o modificaciones a nivel neurotransmisores, lo que predispone la aparición de trastornos del estado de ánimo en etapas tardías. Asimismo, la persona puede desarrollar patologías médicas debido al abuso del alcohol, fármacos y otras drogas. 

Factores sociales: existen situaciones que suelen predominar, entre todos las etapas, en ancianos como ser: pérdidas de seres queridos, soledad, aislamiento, bajos recursos económicos. Además, se presentan casos donde las personas mayores son sometidas a maltratos por parte de su entorno, constituyendo un factor de riesgo de depresión.

Factores psicológicos: entre estos se incluyen síntomas hipocondríacos, sentimientos de culpa o autorreproches, ideación suicida, alteraciones del sueño, y patrones de pensamiento o esquemas negativos que impactan en la vida en general.

Factores neurológicos: enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Huntington, enfermedad de Parkinson, ELA, esclerosis múltiple, demencias vasculares.Además de los mencionados anteriormente, los factores de riesgo aparecen en otros niveles orgánicos que pueden deberse a: infecciones, nutrición, inflamación, neoplasia y patologías cardiovasculares.

Publicado por: Agustina Yocca – Martín Jozami

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