Demencia senil

TIPOS DE DEMENCIA SENIL

Demencia senil

Las demencias son enfermedades cada vez más frecuentes y el incremento en la incidencia de las mismas se vincula con el progresivo envejecimiento de la población, ya que la edad es el principal factor de riesgo. Justamente por ello se habla de demencia senil, ya que estas patologías aparecen y se desarrollan en la etapa de la vejez.

Es importante destacar que cuando se habla de demencia, se hace referencia a un síndrome y no a una enfermedad concreta. Sin embargo, existen características generales que son comunes a las demencias más frecuentes:

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA DEMENCIA

Las demencias son enfermedades que fundamentalmente producen deterioro en las funciones cognitivas, lo cual repercute de manera negativa en la vida relacional del adulto mayor, ya que durante el curso evolutivo se puede presentar alteración del pensamiento abstracto, pérdida de la capacidad de juicio, cambios conductuales y de la personalidad y también pueden verse afectados el lenguaje, las gnosias y las praxias.

Por lo tanto, la demencia conlleva una gran reducción de las capacidades del individuo, ya que este sufre disminución en sus funciones cognitivas debido al deterioro, desorganización motriz y alteración en su comportamiento que tienen como consecuencia una inadaptación al medio, al afectar gravemente su desempeño de las actividades básicas en su día a día.

Para diagnosticar una demencia, se deben descartar aquellas condiciones en las que hay una disminución del nivel de conciencia, como ocurre en el síndrome confusional agudo. En la actualidad, la mayoría de las demencias no cuenta con un tratamiento curativo específico.

Diagnóstico diferencial de las demencias

Como ya se mencionó anteriormente, cuando se hace referencia a la demencia no se está hablando de una enfermedad concreta, sino de un síndrome, ya que existen diferentes tipos y en cada caso, es necesario conocer cuál es la etiología para arribar a un diagnóstico preciso. Es por ello, que se puede clasificar a las demencias en los siguientes tipos:

  • Demencias de causa psiquiátrica o pseudodemencias: la más frecuente está asociada con la depresión y el adulto mayor la cursa con  síntomas de deterioro cognitivo. Por otra parte, la esquizofrenia también puede evolucionar con deterioro cognitivo.
  • Demencias de causa tóxica: ocurren por procesos asociados al alcoholismo y al consumo de fármacos más frecuentemente. Los adultos mayores son especialmente sensibles a los efectos de los medicamentos y algunos pueden producir cuadros confusionales que son reversibles en la mayoría de los casos.
  • Demencias de causa metabólica: condiciones clínicas como la diabetes, el hipotiroidismo y la deshidratación pueden originar síntomas relacionados a la pérdida de las funciones cognitivas superiores. 
  • Demencias de causa mecánica: las lesiones en el cerebro, ya sea por traumatismos craneoencefálicos, tumores cerebrales, hidrocefalia, entre otros, pueden producir un cuadro demencial. 
  • Demencias carenciales: son aquellas que se producen por un déficit de vitamina B12 y ácido fólico, las cuales son sustancias que el cerebro necesita para tener un funcionamiento óptimo.
  • Demencias de etiología infecciosa: el complejo demencia-SIDA, que puede afectar a personas infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) puede producir síntomas demenciales, como así también algunos tipos de encefalopatías.
  • Demencias vasculares: se originan por alteraciones de las arterias que irrigan sangre  el cerebro y con frecuencia se asocian a la enfermedad ateroesclerótica. También se denominan demencias multiinfarto.
  • Demencias degenerativas: se producen como consecuencia de la atrofia del sistema nervioso central. La más frecuente es la enfermedad de Alzheimer, ya que representa entre el 60 y el 70% de todos los casos de demencia.  Otras demencias neurodegenerativas serían la enfermedad de Pick y la demencia asociada a algunos casos de enfermedad de Parkinson.

Evolución de las demencias y tratamiento

Existen diferentes tipos de demencias y por lo tanto distintos patrones evolutivos dependiendo de cuál se trate. La enfermedad de Alzheimer es el tipo de demencia más frecuente y se desarrolla en tres fases que caracterizan su evolución: 

Primera Fase: el paciente olvida algunas cosas, y cuando se da cuenta de ello se angustia e intenta disimularlo. A su vez, empieza a tener dificultades para expresarse y construir frases con fluidez. También presenta problemas para realizar tareas habituales y por momentos puede desorientarse en tiempo y espacio. Puede haber alteraciones en su personalidad y cambios de humor.

Segunda Fase: el paciente olvida sucesos recientes, no comprende hechos nuevos y comienza a desconocer a sus familiares y a tener alucinaciones. Pierde gran parte de su vocabulario y le resulta muy difícil expresarse con coherencia. No puede realizar tareas simples, ni ir sólo a lugares debido a que se desorienta y puede perderse. Puede presentar ira, enojo o sumisión y dependencia enojo, o sumisión y dependencia. En esta fase de la enfermedad, la familia cumple un papel fundamental, ya que debe adaptarse a la nueva situación y prestar especial atención a todas las necesidades tanto físicas como afectivas del paciente.

Tercera Fase: el paciente no reconoce a nadie, como así tampoco habla ni entiende lo que se le dice y está totalmente desorientado en tiempo y espacio. Presenta una inactividad casi total y permanece sentado o tumbado. Le cuesta tragar los alimentos y no controla esfínteres.

En relación al tratamiento, en algunos casos de demencia se puede tratar el proceso que subyace y que desencadena el deterioro cognitivo, pero en el caso de las enfermedades degenerativas no existe un tratamiento que revierta los síntomas o detenga la evolución, sino que se busca ralentizar el avance, retrasando el reloj de la memoria a donde se encontraba 6-12 meses antes. Es decir, que actualmente se dispone de fármacos, los inhibidores de la acetilcolinesterasa y un fármaco antagonista del receptor NMDA, los cuales actúan sobre algunas funciones cerebrales, especialmente en la memoria. 

Por otra parte, también forman parte del tratamiento las estrategias terapéuticas de estimulación cognitiva y funcional que tienen como objetivo reducir las discapacidades del paciente, disminuir la frecuencia de los trastornos psicológicos y del comportamiento y su grado de dependencia. 

A su vez, debido a que se trata de una enfermedad incapacitante y con cambios conductuales en el paciente, tiene un gran impacto familiar y por ello la psicoeducación y el soporte del entorno familiar también es un objetivo del tratamiento.

Prevención y factores de riesgo de la demencia

Los instrumentos de prevención más eficaces en relación con las causas secundarias de la demencia serán evitar y controlar los procesos desencadenantes. Por lo tanto, es importante evaluar los traumatismos, controlar las enfermedades metabólicas, supervisar los efectos de ciertos fármacos, entre otros. 

Por otra parte, para prevenir las demencias vasculares, hay que tener en cuenta los factores de riesgo de lesiones vasculares, como el aumento del colesterol, la hipertensión arterial, el tabaquismo, la obesidad, y el sedentarismo. 

Como ya se mencionó anteriormente, en relación a las demencias degenerativas como el Alzheimer no se conocen las causas y se conocen diversos factores de riesgo:

  • Edad: es el factor de riesgo más importante, ya que existe un aumento exponencial de las cifras de incidencia y prevalencia a medida que se cumplen años, siendo del 2% entre la población de 65-69 años y llegando al 32% en los ancianos que tienen 85 años en adelante.
  • Género: las mujeres tienen un riesgo superior de padecer esta enfermedad.
  • Factores genéticos: las alteraciones genéticas son importantes en la aparición del Alzheimer precoz, es decir de aparición antes de los 60 años.
  • Factores tóxicoambientales: el tabaco.
  • Factores nutricionales: la hipercolesterolemia, la deficiencia de vitamina B12 y de folatos, la obesidad, el alcoholismo.
  • Factores sanitarios: depresión, hipertensión, hiperhomocistenemia,  menopausia y andropausia.
  • Factores socioeconómicos y culturales: existen datos epidemiológicos que sostienen que cuanto mayor sea el nivel educativo que se alcanza en la vida, menor será la probabilidad de sufrir demencia en edades avanzadas.

Se considera importante destacar que ser portador de dichos factores de riesgo no es condición necesaria ni suficiente para padecer la enfermedad, sino que tienen que darse otras circunstancias.

Publicado por: Clara Espeche – Martín Jozami

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