Tratamiento para la pérdida de memoria

Pérdida de memoria

Tratamiento para la pérdida de memoria

La pérdida de memoria, conocida también como amnesia, es el olvido inusual, y habitual a medida que las personas se hacen mayores, ya que el olvido de ciertas cosas se encuentra muy asociado a la edad. Por ende, la persona no puede recordar hechos recientes del pasado. La pérdida de memoria puede producirse por un período corto de tiempo y luego resolverse. Esto se conoce como pérdida de memoria transitoria. Sin embargo, dependiendo de la causa, la pérdida de memoria puede no desaparecer y empeorar con el tiempo.

Aunque no existe ninguna manera efectiva en su totalidad para restaurar la función amnésica dañada, podemos ayudar a los pacientes a compensar sus problemas y a aprender de una manera más eficiente. Para aquellos con deterioros cognitivos graves y difusos, la mejor estrategia que podemos planear es modificar o adaptar su entorno para ayudarlos a lidiar con la pérdida de memoria. 

El lóbulo temporal, en particular las estructuras del sistema límbico, se relacionan con el proceso de almacenamiento de nueva información, y con el recobro de información recientemente adquirida. Es decir que las lesiones en estas regiones del cerebro, producen amnesia tanto anterógrada (el sujeto es incapaz de aprender cosas nuevas) como retrógrada (tiene problemas para recuperar información ya almacenada). La etapa de registro de información estaría determinada por las áreas corticales posteriores, y las regiones cerebrales involucradas en procesos atencionales (lóbulo frontal, sistema reticular y núcleos talámicos).

Los síntomas más frecuentes de la pérdida de memoria, son:

  • Dificultad para realizar actividades cotidianas.
  • Dificultad para prestar atención.
  • Confusión mental.
  • Depresión.
  • Dolor de cabeza.
  • Problemas de visión.
  • Dificultad para la comprensión del lenguaje.
  • Lentitud en los movimientos.

La pérdida de memoria puede estar causada por muchos factores. Puede resultar de una lesión en el cerebro, la cual es causada por o está presente después de:

  • Tumor cerebral
  • Tratamientos oncológicos como la radioterapia o quimioterapia
  • Infecciones cerebrales graves
  • Hidrocefalia
  • Accidente isquémico transitorio o accidente cerebrovascular
  • Conmoción o traumatismo craneal

En otras ocasiones, la pérdida de memoria puede estar relacionada con problemas de salud mental como: depresión, trastorno bipolar o tras una situación traumática o estresante.

La mayoría de los pacientes presentarán problemas más extensos, además de los problemas de memoria, probablemente presentarán dificultades en la atención y en la concentración, enlentecimiento general y en el procesamiento de la información, deterioro de la planificación y déficits organizacionales, así como problemas a la hora de dar con las palabras que quieren emplear para comunicarse.

La mayoría de los pacientes y/o sus familiares, llegan a consulta en torno a quejas por olvidos recurrentes y dificultades en la memoria que podrían conformar uno de los síntomas primarios ligados a patologías demenciales. En el envejecimiento normal como así también en los estadios iniciales de un proceso demencial, pueden presentarse cambios a nivel cognitivo con diferencias muy sutiles, por lo que es necesario realizar una evaluación neuropsicológica profunda para discriminar si existe o no una patología.

Para este tipo de intervención, es necesario valorar diferentes cuestiones con el objetivo de seleccionar la mejor manera de evaluar a cada persona:

  1. Historia médica: recopilar informes y evaluaciones anteriores que disponga la persona, lo que nos brindará mayor información y permitirá no repetir valoraciones realizadas con anterioridad. Este primer paso debe hacerse previo a entrevistar al paciente y/o familiares ofrece una valiosa información: inicio, curso y evolución de la enfermedad, diagnósticos anteriores, dificultades, tratamientos realizados hasta la fecha. Cabe destacar que es importante tomar registros por parte de los familiares o cuidadores del paciente (¿Qué información pueden aportar acerca de estos cambios?).
  2. Decidir la batería de instrumentos de evaluación: los mismos deben ser acordes a las posibilidades del paciente: características personales, tiempo que dispone, entre otros. Dichas técnicas estarán sujetas a un rastreo cognitivo profundo, no solo de la memoria sino también de otras funciones superiores cognitivas. Asimismo, se deben tener en cuenta exámenes médicos, de neuroimagen, aparte de las valoraciones neuropsicológicas.
  3. A partir del conocimiento del estado cognitivo del paciente (identificar fortalezas y debilidades en torno a sus capacidades intelectuales), por medio de la información recabada, se dará lugar a un posible diseño de programas de estimulación cognitivas que tengan en cuenta las alteraciones y particularidades del paciente.
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