Rehabilitación Cognitiva en Adultos

Rehabilitación cognitiva

Rehabilitación Cognitiva en Adultos

En los últimos años se ha producido un gran interés por la rehabilitación de las personas que han sufrido daño cerebral. Esto ha sido influido por varios factores. Desde los años 70 han aumentado las tasas de supervivencia, incluso para daños neurológicos muy graves, gracias a un mayor conocimiento de los efectos del trauma por parte de la comunidad científica.

Más allá del mayor número de “supervivientes”, los expertos en el campo de la neurología son ahora más optimistas en relación a la capacidad de reorganización cerebral y la recuperación de las funciones perdidas. En este sentido, se ha demostrado que los cerebros adultos de los mamíferos poseen una mayor neuroplasticidad el cual depende de la experiencia, especialmente en el nivel de la sinapsis.

Rehabilitación cognitiva en adultos

Por otro lado, los avances alcanzados en las neurociencias cognitivas han permitido mejorar la comprensión de los procesos cognitivos y la naturaleza de los déficits cognitivos adquiridos. Todo esto surge en el contexto de los sistemas de cuidados médicos y de salud mental que enfatizan los resultados funcionales y el uso de aproximaciones empíricamente válidas para el tratamiento y la intervención en esta área.

  • ¿Qué es la Rehabilitación Cognitiva?

De acuerdo con esta perspectiva, la rehabilitación cognitiva se define como la aplicación de procedimientos y técnicas y la utilización de apoyos con el fin de que la persona con déficits cognitivos pueda retornar de manera segura, productiva e independiente a sus actividades cotidianas.

  • Principios de la Rehabilitación Cognitiva en adultos

La rehabilitación cognitiva debe ser individualizada. 

Las personas con traumatismo craneoencefálico conforman un grupo muy diverso. Las investigaciones con esta población demuestran que existen ciertos factores que influyen en la eficacia de un programa de rehabilitación. Es por esto que, en el momento de diseñar un programa de rehabilitación, se debe tener en cuenta el grado de conciencia que la persona tiene de su enfermedad, su capacidad para tomar decisiones y autorregular su comportamiento, el nivel de afectación de las diferentes funciones cognitivas y las necesidades de la familia. 

Un programa de rehabilitación cognitiva requiere el trabajo conjunto de la persona, la familia y los terapeutas

La rehabilitación cognitiva no es un proceso del que se encarga un solo profesional, sino que se lleva a cabo con la máxima participación del paciente, teniendo en cuenta sus déficits cognitivos y el nivel de conciencia que tiene ella de éstos. 

La rehabilitación cognitiva debe centrarse en alcanzar metas relevantes de acuerdo las capacidades funcionales de la persona y mediante mutuo acuerdo

La Organización Mundial de Salud (OMS) introduce cuatro niveles que deben tenerse en cuenta cuando se trabaja con individuos que tienen discapacidades. El primer nivel se denomina neuropatofisiológico y hace referencia a la alteración subyacente al funcionamiento físico (por ejemplo, un infarto cerebral).

En el segundo nivel se encuentran las alteraciones, es decir, las pérdidas que se producen como consecuencia de un daño o una enfermedad en el nivel neuropatofisiológico (como incapacidad para recordar información nueva o déficits lingüísticos). El tercer nivel, refiere a limitaciones funcionales, es decir, a los cambios que surgen en las actividades de la vida diaria como consecuencia de las alteraciones (por ejemplo, problemas de comunicación, seguridad y transporte).

El cuarto nivel pertenece a la participación, la cual hace referencia al efecto que tienen dichas limitaciones funcionales en la capacidad de la persona para llevar a cabo sus actividades sociales (como trabajar, ser buen padre y vivir con independencia). 

Si bien toma en cuenta la neuropatofisiología de base, la rehabilitación cognitiva tiene como objetivo mejorar o compensar los déficits con el fin de reducir las limitaciones funcionales e incrementar y normalizar la participación. Por ejemplo, lograr un mejor puntaje en el nivel de los déficits puede ser un indicador de que la intervención está ayudando al paciente, sin embargo, se tendrá que demostrar que también se producen cambios positivos en el plano social para realmente considerar que ésta ha tenido éxito. El terapeuta debe intentar trabajar no solo con el paciente sino también con la familia con el fin de establecer objetivos claros y trazar metas funcionalmente útiles para la cotidianidad del individuo. 

• La evaluación de la eficacia de una intervención cognitiva debe incorporar cambios en las capacidades funcionales. 

Existe gran variedad de estrategias para medir los cambios funcionales que se producen tras la aplicación de un programa de rehabilitación. Las herramientas de evaluación utilizadas buscan medir la frecuencia de éxitos y fracasos cotidianos en áreas específicas (p. ej., tomar la medicación), el tipo de conducta y la cantidad de ayuda, supervisión o apoyo que necesita la persona para terminar una tarea. Las evaluaciones de los resultados funcionales se basan en el rendimiento del individuo antes y después de la rehabilitación (Wilson et al., 2001). Además, para evaluar el efecto de la intervención se pide a la persona o a la familia que complete una serie de escalas y cuestionarios con el fin de conocer el estado funcional actual de la persona (Cicerone, 2002). 

• Un programa de rehabilitación debe incorporar varias perspectivas y diversas aproximaciones. 

Debido a las diferencias individuales de los perfiles cognitivos y la probabilidad de que un individuo presente más de un área de discapacidad, las intervenciones cognitivas deben incluir diferentes acercamientos al problema. El terapeuta debe establecer una jerarquía de las actividades que la persona debe ir cumpliendo poco a poco y a medida que manifieste progreso. De esta manera, las actividades del tratamiento se vuelven cada vez más complicadas y facilitan que la persona alcance metas funcionales mucho más avanzadas. 

• Un programa de rehabilitación debe tener en cuenta los aspectos afectivos y emocionales que conlleva el daño cognitivo. 

Se demuestra cada vez más el impacto que tienen las reacciones emocionales en el mantenimiento de las discapacidades. Tras el daño cerebral, suelen aparecer síntomas de depresión y ansiedad.

Sin embargo, quizás son más preocupantes los sentimientos de miedo, frustración y pérdida de control de las facultades que propician conductas de evitación y el desarrollo de predicciones negativas autocumplidas. Actualmente, se pretende planificar un tratamiento integral que reconozca la interdependencia de estos dos aspectos.

• Los programas de rehabilitación deben tener un componente de evaluación constante.

No solo se debe ser conscientes de las teorías y la eficacia relacionadas con una intervención específica en un programa de rehabilitación, sino que también resulta pertinente evaluar la utilidad de esta intervención en cada caso. La evidencia más sólida de la eficacia proviene de un proceso llamado ‘evaluación de hipótesis específicas para el paciente’, diseñado por Ylvisaker y colaboradores (2002), en el mismo se recogen los datos de la línea base para luego hacer un seguimiento durante la intervención a intervalos de tiempo con el fin de observar los progresos del paciente y, si estos no se producen, cambiar la intervención. Por último, se toman medidas funcionales para determinar la eficacia del tratamiento con base en los objetivos previos planteados

Share with

Deja una respuesta

Start typing and press Enter to search

Chatea con nosotros