Antecedentes de investigación de eficacia en Teleterapia

Antecedentes de investigación de eficacia en Teleterapia

La telepsicología tiene sus raíces en los cambios tecnológicos que permiten el acceso a poblaciones plurales. En la actualidad, como consecuencia de las circunstancias de la pandemia, todos los países han llegado a alcanzar esta modalidad asistencial de la teleterapia.


La psicología ya había usado la tecnología virtual, tanto para terapias como para evaluación (Botella, Quero, Serrano, Baños y García, 2009Pitti et al., 2015), como instrumento complementario de la terapia presencial o para obtener muestras más amplias (llegar a más pacientes).

Sin embargo, este uso inicial parcial ha posibilitado convertir la acción terapéutica en sólo virtual. La utilidad de la teleterapia o telepsicología se ha convertido hoy en algo incuestionable en todo el mundo desarrollado. Todas las corrientes la usan exitosamente en todo tipo de poblaciones y también en todo tipo de problemas (Nelson y Duncan, 2015).

Como ha ocurrido en otros muchos campos, la psicología norteamericana ha sido pionera en este caso, tanto en EE.UU. (Ritterband, Andersson, Christensen, Carlbring y Cuijpers, 2006) como en Canadá, pero también otros países como Australia y Nueva Zelanda. En Canadá aparece la primera guía para los servicios psicológico por vía telemática (Canadian Psicological Association – CPA, 2006a). La APA elaboró en 2013 una guía de telepsicología junto con otras entidades.

Recientemente se ha creado también una sección especial de telepráctica en la revista Professional Psychology de la APA (Matthews, 2014). La Asociación de Psicología Canadiense editó en 2011 y 2013 un modelo estandarizado de práctica en telepsicología. Estas guías pretenden ser una ayuda en caso de dudas sobre cuestiones legales, deontología, tecnología de telecomunicación y demandas en diversos campos. 


Desde muy pronto ha preocupado el tema de la eficacia de esta modalidad terapéutica; muchos trabajos se centran en fomentar el uso de apoyo psicológico por esta vía (Hadjistavropoulos et al., 2016). La mayor parte de la investigación sobre la eficacia procede de la terapia cognitivo conductual (TCC) (Lawlor-Savage y Prentice, 2014), aunque el interés se extiende a diversas orientaciones, especialmente al psicoanálisis (Czalbowski, Bastos y Roperti, 2014).

Casi todos los estudios controlados se han llevado a cabo sobre depresión y ansiedad, que son también los trastornos más prevalentes. Los resultados obtenidos muestran resultados esperanzadores (Eells, Barrett, Wright y Thase, 2014Fann et al., 2015Olthuis, Watt, Mackinnon y Stewart, 2014).

En suicidio también se han encontrado datos positivos comparados con el grupo de control. Se ha llevado a cabo el tratamiento mediante el Electronic Bridge to Mental Health Services. Se pretendía proporcionar motivación o disponibilidad para la búsqueda de ayuda familiar, amistosa y profesional; los datos mostraron un significativo incremento de la búsqueda de ayuda (King et al., 2015).

Es posible utilizar la teleterapia en población infantil con el mismo éxito que las terapias cara a cara (Kendall, Carper, Khanna y Harris, 2015Storch et al., 2015). La conducta y participación de los niños es la misma que en la presencial, pero los terapeutas online rebajan o controlan menos su propia tensión que los presenciales. (Yuet, McCarty, Stoep y Myers, 2015).

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