Enfermedad de Alzheimer: evaluación del paciente y diagnóstico

Evaluación del paciente

Enfermedad de Alzheimer: evaluación del paciente y diagnóstico

La evaluación del paciente en la enfermedad del Alzheimer es crucial. Ante la consulta de un individuo (o de sus familiares) que refiera la presencia de síntomas como pérdida de memoria progresiva, alteraciones en el habla, en los conocimientos, pérdida de habilidades, cambios conductuales y  desorientación, que hagan sospechar de un proceso neurodegenerativo en el mismo, es importante verificar que dicho problema de salud no sea consecuencia de algún factor desencadenante.

Si ello queda descartado, se debe iniciar un proceso en el que se realice una evaluación del paciente que permita arribar a un diagnóstico y posteriormente, si fuera necesario, llevar a cabo un tratamiento.

Evaluación del paciente: anamnesis, exploración física, neurológica y neuropsicológica

En la mayoría de los casos, el síntoma inicial de la Enfermedad de Alzheimer es un trastorno en la memoria, por lo cual, el mismo es un elemento clínico semiológico esencial.

Es por ello, que una queja en relación a la memoria en un paciente mayor de 65 años siempre debe ser interrogada y estudiada en profundidad. 

Para llevar a cabo dicha evaluación del paciente, como primera medida se debe realizar una anamnesis que incluya los antecedentes familiares y personales del paciente, los síntomas cognitivos, conductuales, psicológicos, neurológicos y la repercusión de estos en su funcionalidad.

También es muy importante establecer en qué estadio evolutivo se encuentra el mismo y cuál es su ritmo de progresión. Para ello, se considera esencial realizar una entrevista con un familiar o cuidador del paciente a solas, debido a que las observaciones de los mismos son cruciales para la exploración del estado mental del individuo. 

Preguntas importantes en la evaluación del paciente para la enfermedad del Alzheimer

Se los debe interrogar en relación a los síntomas que presenta este último, como lo son la pérdida de memoria o distorsiones de la misma, las dificultades para encontrar las palabras o el reemplazo por una errónea, las fluctuaciones en la atención, la desorientación en un entorno nuevo o familiar, los problemas en el razonamiento y juicio que pudiera presentar, los cambios en el comportamiento, la presencia de sintomatología depresiva y/o ansiosa y su estado funcional actual en general. 

Por otro lado, además de la información brindada por los allegados al paciente, es importante tener en cuenta la apariencia del individuo, si presenta alteraciones del comportamiento o del estado afectivo y cómo se encuentra el curso y el contenido de su pensamiento con el fin de detectar síntomas psicopatológicos si los hubiera.

Y en relación a la funcionalidad del paciente, se hace necesario indagar acerca de su cotidianeidad, teniendo en cuenta las actividades básicas e instrumentales que realiza en su vida diaria.

Se hace necesaria la realización de una exploración física general y neurológica, como así también una exploración neuropsicológica por medio de una serie de pruebas y cuestionarios cognitivos, los cuales pueden ser llevados a cabo por el médico o por un neuropsicólogo.

Administración de pruebas y cuestionarios cognitivos

Dichas pruebas pueden usarse para detectar selectivamente la presencia de disfunciones cognitivas, para determinar el grado de deterioro cognitivo (leve, moderado o grave) o para facilitar el diagnóstico frente a la evaluación del paciente, ya que los patrones de algunos resultados de estas pruebas pueden ser indicativos de diferentes causas de demencia.

Existen diversos test cognitivos breves que le sirven de ayuda al profesional para evaluar y diagnosticar al paciente. Algunos de los más conocidos son los siguientes:

Mini-Mental State Examination (MMSE):

Es una prueba ampliamente conocida y es utilizada para valorar el estado mental global (orientación temporal y espacial, memoria reciente, atención, concentración, praxias y lenguaje), para el cribado inicial de disfunciones cognitivas y para clasificar en leve, moderada o grave la demencia que presenta el paciente, según la puntuación que obtenga. Es sencilla de realizar y su aplicación lleva entre 5 y 10 minutos.

The Montreal Cognitive Assessment (MoCA):

Fue desarrollado más recientemente y evalúa la orientación, la memoria, la atención, el lenguaje (asignación de nombres), la función ejecutiva y la función visual y espacial.

En los estudios comparativos con el MMSE, el MoCA parece ser más sensible para la detección de pacientes con un deterioro cognitivo leve y una demencia leve por enfermedad de Alzheimer. Presenta muchas ventajas y está convirtiéndose en una importante prueba de cribado estándar para conocer el estado mental de un individuo.

Test del dibujo del reloj:

Es una prueba que se realiza rápidamente por lo que resulta útil para la consulta de atención primaria. La consigna consiste en pedirle al paciente que dibuje la esfera de un reloj y las manecillas del mismo para señalar una hora concreta.

Esta prueba puede resultar sensible en los casos de demencia, ya que implica la puesta en marcha de muchas áreas cognitivas (función ejecutiva, aptitudes visoespaciales, programación motora, atención y concentración). Existen numerosas versiones de este test, tanto en los procedimientos con los que se lleva a cabo, como en la puntuación.

Fluidez verbal:

En esta prueba se le pide al paciente que enumere el mayor número de palabras que pueda de una determinada categoría en un tiempo específico, que por lo general es 1 minuto.

Una versión rápida y sencilla consiste en solicitarle al paciente que enumere animales en 1 minuto y el número de animales citados por el mismo, genera una puntuación. Se ha demostrado que este tipo de prueba es sensible para detectar la presencia de demencia por enfermedad de Alzheimer.

Por otra parte, también es muy necesaria la realización de análisis de laboratorio, electroencefalograma, tomografía axial computada y resonancia magnética nuclear, cuyos resultados son complementarios al examen clínico especificado en párrafos anteriores.

Educación y ocupación del paciente

Por último, es preciso preguntar sobre el grado de educación del paciente y su ocupación, ya que esto generará variaciones en las puntuaciones que el individuo logre en las pruebas cognitivas que se le realicen.

A su vez, se debe busca conocer con qué apoyos cuenta el mismo en el campo emocional, financiero y en sus actividades diarias, ya que ello sirve de guía para determinar cuáles opciones terapéuticas son más factibles, si existe o no la posibilidad de programas de día o de mudarse con un familiar o la necesidad de traslado a centros con asistencia.

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By: Clara Espeche – Martín Jozami

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